Plan de Once Años

En este periodo la creación de obras de infraestructura inyectó dinamismo al país y marcó nuevos derroteros para la educación.

El desigual crecimiento del campo y la ciudad, la migración y la configuración de la distribución del ingreso hacen persistir la necesidad de impulsar las escuelas rurales y las campañas de alfabetizadoras, editar libros y ponerlos al alcance de los nuevos lectores.

A pesar de los avances de cuatro décadas, continua el rezago: más de 10 millones de analfabetas; 3 millones de niños en edad escolar no asisten a la escuela; la eficiencia terminal de la primaria es de 16% en las ciudades y de 2% en el campo. La escolaridad promedio del país es de dos años.

Jaime Torres Bodet pone en marcha el Plan de Once Años, lo que da continuidad a la política educativa de 1958 hasta 1970. Las metas del plan incorporaban a todos los niños de 6 a 14 años; creaban plazas docentes para atenderlos y buscaba lograr una eficiencia terminal de 38% en la primaria para 1970.

Entre las acciones relacionadas con el Plan de Once Años, destacan la creación de la Comisión de Libros de Texto Gratuitos, los desayunos escolares, la creación de la Telesecundaria y el fortalecimiento del preescolar. Un gran número de escuelas comenzó a funcionar en doble turno.

Continúan y cobran vigor la construcción de escuelas y la formación de docentes. Con la edificación de la Ciudad Universitaria se dio nueva dignidad y presencia a los estudios universitarios.

La madurez del régimen democrático se puso a prueba con las manifestaciones de la sociedad en 1968. La ciudadanía se había fortalecido; el régimen se endureció.

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